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Moscú: historia, cultura y ahora modernidad


Panorámica de Moscú


Aunque parece un tópico, es cierto: Moscú, llamada la tercera Roma, apodada la Roma tártara y convertida en la Roma del comunismo, recuerda más que nada una matrioshka, esas muñequitas rusas tradicionales de las que se van extrayendo piezas infinitas. Igual que ellas, Moscú contiene una cantidad infinita de ciudades diferentes.
En esta megápolis de más de diez millones de habitantes, donde cualquier desplazamiento supone un viaje a través del espacio o del tiempo, al viajero le aguardan sorpresas continuas: una fusión inconfundible y apasionante de costumbres, estilos, culturas y de todas las utopías artísticas e históricas.

Palacio del Kremlin en Moscú

Desde su corazón, el Kremlin y la Plaza Roja, arrancan las arterias de la ciudad; el Anillo de los Bulevares y el de los Jardines fijan su estructura circular, tan parecida a la de una matrioshka.
Las desmesuradas avenidas y enormes plazas, con ese aspecto de estepa rusa asimilada por la ciudad, forman su fachada oficial, detrás de la cual se esconden miles de recovecos y callejuelas.
Al adentrarse en los patios moscovitas, patios por lo general abiertos y conectados entre sí, uno puede ir saltando de uno a otro y perderse recorriendo la ciudad por dentro. Con un poco de suerte, además, si uno consigue traspasar el umbral, puede llegar a disfrutar de la auténtica hospitalidad moscovita concentrada en las cocinas que forman el verdadero corazón de la dimensión humana de la ciudad.

Los alucinantes cambios de los últimos años hacen de Moscú un lugar rebosante de energía vital y de actividad desbordante. Diríase un bazar oriental a la europea: cúpulas radiantes de iglesias, fachadas repintadas de todos los colores, multitud de quioscos y escaparates, cafeterías, restaurantes y tiendas, diseño a la última, publicidad a lo bestia… La bulliciosa calle Arbat, con sus músicos callejeros, parece sufrir de insomnio. La vida nocturna, inexistente en tiempos soviéticos, ha llegado a tener la envergadura de la movida madrileña, con una pequeña diferencia conforme a su alma de matrioshka: los garitos más interesantes están medio ocultos, escondidos en sótanos o patios.

Moscú de noche


El choque de épocas históricas le dan además un toque surrealista a esta noche moscovita: la discoteca Titanik montada dentro del estadio de los Jóvenes Pioneros; el Gorbushka, un mercadillo de música a la última, en un parque donde los fines de semana las bábushkas bailan al son del acordeón; los rolers patinando alrededor del monasterio Novodiévichi… Winston Churchill decía: "Rusia es una adivinanza envuelta en un misterio dentro de un enigma". Y eso era y es Moscú. Descubrir esta ciudad requiere un esfuerzo especial porque necesita ser pateada y explorada en cada uno de sus rincones. Pero, eso sí, una vez descubierta se convierte en una pasión.