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Hoy viajamos a Marruecos: Casablanca


En la entrada de hoy vamos a hablar de Casablanca, un enclave maravilloso que es puente de culturas y que tiene reservado al visitante un sinfín de sorpresas. Si te gusta disfrutar de los zocos, de las ajetreadas y coloridas calles, de unos parques enormes donde puedes sentir la tranquilidad o dejarte arrastrar por su mar y paseo marítimo has llegado al lugar adecuado.

Turismo

Las dos Casablancas

En Casablanca podemos diferenciar perfectamente la parte que habla árabe de la que habla francés, pero también encontramos un gran choque de culturas y dividimos la población entre los que llevan velo o traje de corbata, de los que siguen las tradiciones a rajatabla de los que abren los pubs a las 12 de la noche.




En Casablanca podemos disfrutar por tanto del ambiente que queramos, una tarde de tranquilidad tomando el té o una noche de fiesta en las más increíbles discotecas de la zona. También tenemos que destacar su exquisita gastronomía, que tiene lo mejor de los gustos occidentales y oriental.

Hoy viajamos a Marruecos: Casablanca

Consejos para visitar Casablanca

En Casablanca hay aproximadamente 4 millones de habitantes y se calcula que otros tantos vehículos, sin embargo apenas existen unos pocos semáforos por lo que si alquilas un coche debes tener mucho cuidado, ya que la manera de circular en esta ciudad es sumamente peculiar. De hecho, quizás sea mejor idea tomar un taxi u otro medio de transporte alternativo.

Hoy viajamos a Marruecos: Casablanca

Se trata de la capital financiera de Marruecos y de hecho más del 75% de las riquezas del país provienen de aquí, por lo que no es de extrañar que en compensación el gobierno haya construido obras monumentales como La Corniche o el nuevo barrio de rascacielos, financiando con dinero procedente de los Emiratos Árabes, y que tampoco debes perder la oportunidad de visitar.


Sigue con un artículo nuevo en Viajero Turismo: Descubre la ciudad de Fez en Marruecos


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Casablanca: la puerta entre dos mundos


Casablanca es la puerta que conecta a África con el mundo árabe y es sin duda uno de los destinos más tentadores que podemos tener si queremos dar una escapada y conocer otro continente, raza y cultura a tan solo unos kilómetros de Europa.

Casablanca: la puerta entre dos mundos


Cómo llegar a Casablanca

Aunque Casablanca es una ciudad muy tranquila y amable para el visitante hay una serie de cosas que tenemos que tener en cuenta si es la primera vez que visitamos un país islámico. Pero para empezar: ¿cómo llegar a ella?



Lo primero que tenemos que hacer una vez que estamos en Marruecos es coger el tren que va directo a Casablanca y que transcurre a través de campos de sembrado y casas bajas. El trayecto dura aproximadamente una hora y tenemos que estar atentos al transbordo en Ain Diab, ya que es fácil perderse. Pues bien, desde ahí hay que montarse en otro tren que nos lleva hasta Casa Port. Este segundo viaje apenas dura un cuarto de hora y solo hay que pagar un billete en total por lo que sale muy bien de precio.

Casablanca: la puerta entre dos mundos

Alojamientos baratos en Casablanca

Es relativamente fácil encontrar hoteles lujosos en Casablanca a buen precio, algunos de ellos desperdigados por el casco antiguo, que es la zona menos cuidada y más antigua, y otros alejados del centro pero que sin embargo están en áreas turísticas y seguras. Una vez que te bajes de la estación de trenes encontrarás justo enfrente el Hotel Ibis, que posiblemente no sea el más barato pero tiene una localización envidiable.

Turismo en Marruecos

Si caminas durante un cuarto de hora podrás llegar al centro de la ciudad, donde encontrarás una gran cantidad de hoteles y restaurantes entre los que elegir. Y recuerda, en Casablanca se habla árabe y francés, la moneda oficial es el Dirham (10 Dirhams son aproximadamente un euro) y su población, contando los suburbios es de casi 6 millones de habitantes.

Sigue leyendo un nuevo post en Viajero Turismo: Fez en Marruecos, déjate guiar por tus sentidos


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Piérdete en la Plaza de Xemaa el Fna en Marrakech


Según la leyenda, Marraquech fue, antes de ser fundada oficialmente por el sultán almorávide Yusef Ben Tachfín en el siglo XI, un campamento de caravanas de comerciantes que se alimentaban de dátiles. Sus huesos caídos en la tierra dieron a luz a inmensas palmeras. Allí creció esta ciudad. De todas partes se alzaron murallas para mantener intacta la intimidad de un lugar que ya empezaba a tejer sus misterios.

Perviven los callejones y adarves entrelazados, los pasillos sin principio ni fin. Marraquech atrapa, y desde que el extranjero descubre que de este laberinto no existen mapas posibles, se comprende por qué los habitantes gozan de absoluta serenidad. Si el visitante se deja guiar por el encanto de las cosas, poco a poco reconocerá que esta aventura le empuja a un conocimiento sin límites. "¿Dónde se refugia esa mujer perdida entre callejones? ¿Y aquella otra? ¿Y el joven?".

Sin duda, en la sombra de las numerosas puertas que se abren al dédalo de callejuelas. Minúsculos ríos que desembocan en el inmenso mar de la plaza de Xemaa el Fna, corazón de la Medina, patrimonio oral de la humanidad desde 1997.

Marrakech

Entre la ciudad moderna, al pie de la roca de Guéliz, y la Medina hay censados unos setecientos mil habitantes. Y éstos, junto a otros flotantes, han creado un lenguaje secreto que considera la sencilla ojeada como un mensaje lingüístico: son los maestros del chiste, el dicho y los juegos de palabras. Una nueva encrucijada cuyas fronteras son seres humanos.

Si los poetas cantan a Marraquech es porque esta ciudad es un poema, cuyo verso es la gente. Aquel joven sonríe, aunque sólo posea cinco dirham. Otro, rodeado por el público, narra aventuras con mil y una resonancias literarias. Otros se dejan aconsejar por médicos ambulantes, que lo saben todo e intentan comprender la modernidad para anticiparla. Mientras que ése —músico miserable— canta su pobre suerte con rítmicos fragmentos.

La plaza Xemaa el Fna es un teatro con múltiples directores y una escenografía abierta a todos. Hasta usted participa en el reparto. A diario se transforma en lugar de peregrinación donde la gente gira sin rumbo. Aquí no existe Norte o Sur, Este u Oeste. Y se pierden en los zocos continuos: el Semarín le lleva a El Haddadín, al Cherratín, al Essabarín…


El zoco de Marrakech

Pero, además, están los monumentos, la Menara, los jardines y mezquitas, las puertas, las torres. Además de la Medina, el exterior: las murallas se alzan rojas y maternales. ¿A qué se debe este amor que desprende Marraquech? Nadie lo sabe. Para conocerla bien olvide su identidad, hable el lenguaje de la plaza. Entonces, será marrakchí. Y hasta las palmeras llorarán su adiós.


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Fez en Marruecos, déjate llevar por los sentidos

Entre las montañas del Atlas, Fez esconde su misterio. Fundada en el 808 por el sultán Idriss II, fue la primera capital política, intelectual y artesanal de Marruecos. En Fez, como en Estambul o en Bagdad, se viene a buscar una civilización, una vida tranquila y variada, la claridad de su cielo, los fuertes colores, olores y sabores. Aquí se entremezcla el placer del espíritu con el de los sentidos. Fez es un museo vivo, un laberinto del juego de las luces y las sombras. 


La Medina, su corazón, se divide en dos: Fez Jdid (nueva) y Fez Al-Bali (vieja). La primera creció a partir del año 818 gracias a centenares de familias venidas de Al-Andalus que se instalaron en la orilla derecha del río Fez. Años después los keruaneses se asentaron en la orilla norte, familias cultas, promotoras de grandes monumentos, de la Karawiyín, espléndida mezquita con su brillante tejado color esmeralda, de oficios bien organizados: curtidores, tintoreros… 
Luego, los almorávides y los almohades prescindieron de Fez, pero los merínides (siglo XIII) le devolvieron su esplendor: mezquitas, Medersas y zocos extramuros. Así nació Fez Jdid.
Y Fez se convirtió en la ciudad-Meca de los intelectuales musulmanes. 


Medina de Fez en Marruecos

La calle mayor de los merínides es lugar de continuo trajín de musulmanes y judíos, de ricos y pobres. Andarla es regresar al pasado. Hay que caminar sin rumbo por la Medina, perderse en sus callejuelas, dejarse guiar por los sentidos: la lana mullida en colores fuertes, los vasos de té con hierbabuena, el olor de aromas y especias, el estallido de color de los tintoreros y curtidores, el soniquete de los forjadores, el "balak, balak" ("apártate, apártate") de los muleros, etcétera. 


Fez - Marruecos

La fascinante autenticidad de una ciudad celosamente conservada y declarada, por mérito propio, Patrimonio de la Humanidad
En la parte moderna, que creció tras la implantación del Protectorado en Marruecos en 1912, predomina la atmósfera occidental: zonas verdes, avenidas anchas, suburbios en expansión, arquitectura nueva y campus universitarios. 


Gastronomía en Fez - Marruecos

Fez es un contraste de estilos: minifaldas, chilabas, vaqueros, babuchas… Un espacio de mestizaje donde más de un millón de árabes, bereberes, judíos y negros conviven sin estorbarse.

Marrakech: belleza, cultura y tradición

Cualquier visita a Marruecos es una experiencia enriquecedora gracias a su mundo de contrastes, a su cultura y a sus tradiciones.
Estamos hablando de una visita que podrás disfrutar tanto en una escapada de fin de semana como en unas largas vacaciones gracias a su variedad geográfica y a su gran patrimonio artesanal.

Ahora vamos a centrarnos en una de sus ciudades más importantes, se trata de Marrakech. Podemos situarla a mitad de camino entre las nieves del sistema Atlas y la zona del desierto.

Marrakech - que visitar

¿Qué vamos a encontrar en Marrakech?

La fotografía típica de la ciudad son sus murallas y palmeras pero debido a que esta ciudad ha sido la morada de grandes reyes e importantes dinastías y que por ella pasaron los mejores arquitectos y sabios descubriremos numerosos monumentos y lugares de gran interés turístico. Palacios, jardines y mezquitas serán algunos de estos atractivos.

Dando un paseo por la Medina nos impregnaremos de los olores y sabores típicos de Marrakech.

Marrakech - que visitar

Otra visita obligada será un paseo por las murallas que sirvieron de defensa en la época almoravide y que cuentan con hasta 9 metros de altura y 19 km de longitud. Algunas de sus puertas son un buen ejemplo de arquitectura árabe.

Para concluir podemos hacerlo llevándonos algún recuerdo de la ciudad y qué mejor lugar que alguno de los típicos zocos marroquíes. Vamos a encontrar numerosos productos artesanales como marroquinería, joyas, tejidos y productos realizados con madera y metal.

Zoco en Marrakech - que visitar

Una visita a Marrakech será un viaje para todos nuestros sentidos ya que el cambio de olores, sabores y visual nos trasladará a otra época y cultura.