Mostrando entradas con la etiqueta bélgica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bélgica. Mostrar todas las entradas

Le Quartier Marolles en Bruselas


Bruselas en Bélgica

Bélgica es uno de los países bajos del mundo, esta bella nación esconde un importante tesoro cultural en sus entrañas, hablamos de la ciudad de Bruselas conocida a nivel mundial por ser sede de importantes organizaciones mundiales como la ONU, pero esta bella ciudad no solo es sinónimo de política sino también de cultura.

Uno de los barrios más bellos del mundo se encuentra en la ciudad de Bruselas, Le Quartier Marolles es un barrio que muestra en primera instancia la importancia que diferentes culturas tuvieron para fundar la ciudad, entre ellas la influencia  Holandesa, española, italiana y belga,  que convierte a esta ciudad en un lugar para visitar.

Quartier Marolles en Bruselas

Algo único en esta ciudad es su arquitectura colonial que muestra una belleza única, plaza hermosa y museos únicos complementan la oferta.  Un lugar que no podemos dejar de visitar en este barrio es Place du Jeu de Balle que en español es ¨La plaza del juego de la pelota¨ en el cual cada fin de semana se reúnen los artistas y artesanos de la ciudad para mostrar sus obras y para vender las mismas.


Otro lugar que como turista te interesara en especial si buscas un recuerdo de la ciudad es el ¨Mercado de Pulgas¨ en el cual se venden todo lo que desee a precios increíbles. Para finalizar en lo que se refiere más a cultura podemos visitar el Museo Brueghel en el cual se exhiben obras de este famoso pintor así como la historia de este.

Bruselas ofrece modernidad e historia

Empecemos con un aviso: el más vistoso de sus escaparates, la Grand-Place ("el teatro más bello del mundo", dijo Cocteau) es también la primera de sus trampas. Quien espere encontrar en el resto de la ciudad la misma y deslumbrante homogeneidad se verá sin duda defraudado.

La Grand Place cubierta por el gingantesco tapete de flores en Bruselas

Bruselas tiene un alma traviesa y caótica que se ha divertido desde hace casi mil años diseminando aquí y allá las pequeñas maravillas que nos ofrece, convirtiendo su tejido urbano y vital en un rompecabezas que hay que recorrer sin prisas ni prejuicios, dispuestos a dejarse sorprender en cualquier esquina por una inusitada fachada art-nouveau, un nido de okupas rodeado de oficinas o una mágica plazuela recién salida de un cuadro de Delvaux.

Cosmopolita en su historia y provinciana en sus dimensiones, es en ese carácter abigarrado e integrador, lleno de contrastes, donde hay que buscar la peculiar identidad de esta ciudad a escala humana.

Terraza cerca de la Grand-Place en Bruselas


Con una población de apenas un millón de habitantes, que pronto será según las estadísticas mayoritariamente extranjera, en sus calles se entremezclan sin aspavientos las tabernas tradicionales y oscuros cafetines directamente transplantados de Estambul, los bares art-déco más políglotas del continente y discotecas tecno frecuentadas los fines de semana por la modernidad londinense.

Aquí todavía es posible alquilar sin arruinarse una casa con jardín en pleno centro y disfrutar al mismo tiempo de la red informática más tupida de Europa, una calidad de vida de la que los belgas han hecho su sello distintivo y que se completa con una oferta multicultural inagotable, aunque tan desordenada como la ciudad.

Danza contemporánea, teatro, jazz, performers y nuevas músicas conviven en las noches de la capital y tienen a menudo como común denominador un humor singular, teñido de socarronería y escepticismo, que ha marcado desde siempre el arte y el carácter de los bruselenses. No en vano Magritte y los surrealistas hicieron del lugar una de sus fuentes de inspiración privilegiadas.